Mi vida como un perro al sol


Era un día cualquiera de invierno sumido en cambio climático. Los polos no se habían descongelado todavía, pero ya creaban ríos nuevos.

En el continente adecuado, la pereza vencía y al observar ese magnífico rayo lleno de vitamina D, quedó claro que era el momento deseado que esperaba desde que sonara el gallo.

Todo sea por mantener las tradiciones y que prevalezca la cultura autóctona: echémonos una siesta.

 

 

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